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La incomparable riqueza de la vida en familia

Algún medio televisivo se jacta de haber encontrado un programa para batir récords de audiencia, que basa su entretenimiento en el deterioro que sufren las relaciones entre parejas.

Quizá sea el momento de hablar del tesoro que supone para el ser humano, tener una edificante vida de familia. Una vez más, los directores de programación utilizan una riqueza humana como gancho para sus audiencias, pero arrancándole aspectos que le son fundamentales para que así, el propio ser humano, lo convierta en algo desnaturaliozado, pero divertido. 

La Vida, con mayúsculas, es esa fuerza inmanente que nos mantiene la actividad, la vida de familia es ese empuje en el hacer, en el modo como vivimos y nos comportamos que nos mantiene y nos hace personas con proyección social. 

El hombre madura más tarde que cualquier otro animal, y su vida no se hace independiente hasta que no cumple bastantes años; quizá sea ésta la razón de ser de la familia. Pero al hombre no le basta su natural existencia, sino que necesita que dicho entorno humano y social tenga una vida lo suficientemente rica como para que él alcance con ella un armónico desarollo biológico, psicológico, personal y social. 

No faltan hoy los intentos para desmitificarla, sustituirla o restarle importancia. Sin embargo, ya decía, al respecto, Chesterton: “La familia es la estructura social de la humanidad, más vieja que cualquier documentación histórica o religión y todos los intentos de alterrarla son meras patrañas o pura estupidez.” 

Y yo pienso que sería pura ingenuidad o mera estupidez ignorar la gran importancia que para los hombres tiene la vida de familia. Por eso no se puede jugar con ella. 

La vida de familia es esa situación permanente que está llena de saludos cotidianos, de encuentros afables, de celebraciones compartidas, de atenciones esmeradas y de renuncias personales por el bien de la familia; y por supuesto, es también un entramado de costumbres, vividas, asumidas y queridas por todos sus miembros, principalmente porque todos han ido poniendo sus granitos de arena para construirlas. La auténtica vida de familia es aquella que produce en las mujeres y en los hombres que la viven esa sensación de sosiego y de paz que sólo se puede sentir cuando se sabe uno aceptado, necesario y serenamente querido. 

Y acabo con unas palabras de Juan Pablo II: “El hombre, por encima de toda actividad intelectual o social, por alta que sea, encuentra su desarrollo pleno, su realización integral, su riqueza insustituible en la familia. Aquí, realmente, más que en otro campo de su vida, se juega su destino como hombre.” 

Apuntamos algunos valores de la vida familiar que vale la pena repasar: 


-Nos es necesaria para ser plenamente humanos. 
-La diseñan padres responsables que quieren a sus hijos. 
-Es un medio para que los hijos se sientan protagonistas. 
-Consiste en tener un estilo diferencial que promueve nuestra personalidad. 
-Nos hace desear el hogar como ámbito de seguridad y de posesión.
-Ayuda a hacer la vida más agradable a los demás. 
-Las vacaciones son situaciones ideales para perfilarla. 

Tomás Malmierca

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