GANADOR del 15 de Diciembre de 2003
 

Jorge Azagra Malo
4º ESO
Turó
Tarragona

El cansancio y la falta de sueño habían dibujado una profunda sombra entorno a unos ojos enrojecidos. La noche anterior apenas había dormido, esperando o temiendo -no lo sabía muy bien- que llegara aquel momento. Le hicieron entrar en la sala. Dentro, tras una mesa larga situada encima de una tarima, tres examinadores charlaban distendidamente entre sí mientras un cuarto consultaba atentamente unos papeles. Ninguno de ellos le prestó atención hasta pasados unos interminables minutos. Por fin, uno de los examinadores le indicó que se acercara con un gesto y le indicó que ya había superado la primera prueba. Él los miró extrañado, desde que había entrado no había hecho más que permanecer en silencio en medio de la sala, ¿cómo había podido superar ya la primera prueba? Los examinadores vieron su cara de asombro y le explicaron que sólo los pacientes podían afrontar el examen. Sólo a quienes superaban aquella primera prueba se les daba la oportunidad de afrontar la segunda prueba. Y sólo a quienes superaban la segunda prueba se les daba derecho a la tercera. La segunda prueba consistía en el planteamiento de un enigma que el examinando debía resolver razonadamente. Uno de los examinadores, abrió un libro y le expuso el siguiente enigma: “Dos peregrinos hambrientos se paran ante un cruce. El sendero de la derecha les conduce a un refugio y el de la izquierda al final de su peregrinaje. Está atardeciendo y los peregrinos no tienen víveres ni agua. Considerando que ambos peregrinos desconocen si su meta está próxima o lejana, ¿qué sendero deben tomar?. Pensó en silencio durante unos breves instantes antes de responder, algo nervioso: “Aunque ambos peregrinos desean llegar al final de su peregrinaje lo antes posible, no menos cierto es que prefieren llegar tarde a no llegar. Pues bien, si no tienen víveres ni agua y la noche se les echa encima, elegir el camino de la izquierda es muy arriesgado: corren el riesgo de que el final esté lejano y que el agotamiento y la falta de víveres les impida alcanzarlo. En cambio, si cogen el camino de la derecha, podrán descansar en el refugio y aprovisionarse para seguir el camino de la izquierda al día siguiente con más garantías de éxito.” El jurado dio por buena la respuesta y consideró superada satisfactoriamente la segunda prueba. Así pues, tenía derecho a la tercera y última prueba: un caso práctico. Un examinador distinto al que le había formulado el enigma, abrió un sobre, extrajo un papel y ya se disponía a leer en él las instrucciones de la última prueba cuando, de repente, ... La alarma del despertador digital sonó con fuerza. Miguel miró los números rojos del despertador: las seis y media de la mañana. Se desperezó y fue a asearse. Después desayunó un bol de cereales en la cocina y volvió a la habitación para cambiarse. Habían pasado veinticinco minutos desde que despertó. Aún podría repasar los apuntes antes de salir de casa y dirigirse a la Academia para su prueba de ingreso.

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