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Jorge Azagra Malo
4º ESO
Turó
Tarragona
El cansancio y la falta de sueño habían
dibujado una profunda sombra entorno a unos ojos
enrojecidos. La noche anterior apenas había
dormido, esperando o temiendo -no lo sabía
muy bien- que llegara aquel momento. Le hicieron
entrar en la sala. Dentro, tras una mesa larga situada
encima de una tarima, tres examinadores charlaban
distendidamente entre sí mientras un cuarto
consultaba atentamente unos papeles. Ninguno de ellos
le prestó atención hasta pasados unos
interminables minutos. Por fin, uno de los examinadores
le indicó que se acercara con un gesto y le
indicó que ya había superado la primera
prueba. Él los miró extrañado,
desde que había entrado no había hecho
más que permanecer en silencio en medio de
la sala, ¿cómo había podido
superar ya la primera prueba? Los examinadores vieron
su cara de asombro y le explicaron que sólo
los pacientes podían afrontar el examen. Sólo
a quienes superaban aquella primera prueba se les
daba la oportunidad de afrontar la segunda prueba.
Y sólo a quienes superaban la segunda prueba
se les daba derecho a la tercera. La segunda prueba
consistía en el planteamiento de un enigma
que el examinando debía resolver razonadamente.
Uno de los examinadores, abrió un libro y
le expuso el siguiente enigma: “Dos peregrinos
hambrientos se paran ante un cruce. El sendero de
la derecha les conduce a un refugio y el de la izquierda
al final de su peregrinaje. Está atardeciendo
y los peregrinos no tienen víveres ni agua.
Considerando que ambos peregrinos desconocen si su
meta está próxima o lejana, ¿qué sendero
deben tomar?. Pensó en silencio durante unos
breves instantes antes de responder, algo nervioso: “Aunque
ambos peregrinos desean llegar al final de su peregrinaje
lo antes posible, no menos cierto es que prefieren
llegar tarde a no llegar. Pues bien, si no tienen
víveres ni agua y la noche se les echa encima,
elegir el camino de la izquierda es muy arriesgado:
corren el riesgo de que el final esté lejano
y que el agotamiento y la falta de víveres
les impida alcanzarlo. En cambio, si cogen el camino
de la derecha, podrán descansar en el refugio
y aprovisionarse para seguir el camino de la izquierda
al día siguiente con más garantías
de éxito.” El jurado dio por buena la
respuesta y consideró superada satisfactoriamente
la segunda prueba. Así pues, tenía
derecho a la tercera y última prueba: un caso
práctico. Un examinador distinto al que le
había formulado el enigma, abrió un
sobre, extrajo un papel y ya se disponía a
leer en él las instrucciones de la última
prueba cuando, de repente, ... La alarma del despertador
digital sonó con fuerza. Miguel miró los
números rojos del despertador: las seis y
media de la mañana. Se desperezó y
fue a asearse. Después desayunó un
bol de cereales en la cocina y volvió a la
habitación para cambiarse. Habían pasado
veinticinco minutos desde que despertó. Aún
podría repasar los apuntes antes de salir
de casa y dirigirse a la Academia para su prueba
de ingreso. |