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Miquel
Solans
4º ESO
Terraferma
Lleida
Llego tarde a casa, me
pides que te lea un cuento, me siento cansado pero
insistes
y cedo. Abro el libro
por la mitad y leo esa parte que tanto te gusta: El
príncipe se encuentra rodeado por las llamas,
el dragón vuelve a atacar, te tapas los ojos
y yo me detengo unos instantes. El dragon lanza una
enorme llamarada pero el principe, con su formidable
escudo evita las llamas. Espada en mano, el apuesto
jovenzuelo se lanza hacia el dragón, en tu cara
se dibuja una sonrisa, conoces el final, la panza del
dragon ha quedado al descubierto y el principe, aprovechando
el momento, hunde su afilada espada en las carnes de
la bestia, lanzas un grito de triunfo. El reptil cae
pesadamente sobre el rocoso pavimento levantando una
gran polvareda.
El príncipe enfunda elegantemente su arma, me
pesan las pestañas y el sueño me acecha,
me pides que siga, lo hago. El joven monarca se dirige
hacia la torre donde se encuentra prisionera la princesa.
Sube agilmente los escalones y abre de un golpe la
puerta. Me pides que te describa la princesa de pies
a cabeza, yo la describo parecida a ti, con una larga
trenza dorada y un vestido azul celeste, me preguntas
si tiene bordados en las mangas y si lleva una flor
en la trenza, no solo eso, te contesto, si no que además
lleva pendientes de oro y unos zapatos maravillosos.
Ahora ya estas contenta, te duermes y te beso la frente,
sueñas con la princesa pero su rostro ya no
es el mismo, se ha convertido en el tuyo. El príncipe
te lleva en volandas hasta su noble corcel y, una vez
en el castillo, os casais y vivis felices hasta el
fin de vuestros dias: al llegar el amanecer de un nuevo
día.
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