GANADOR DEL 24 DE OCTUBRE
 

Ignacio Francisco Rodó


Terrassa
2º Bachillerato
La Farga


NOVELA NEGRA


Te acomodas en la butaca de cuero, con el libro en el regazo. Has encontrado al fin un hueco en tu quehacer diario para leer: eres un lector voraz de novelas negras y desde hace días estás en ascuas. Repasas mentalmente la trama del último caso del detective Reiss, un policía retirado que se ocupa de los asesinatos más extraños. Habían asesinado a Mariana Alegre, la viuda de un rico industrial de la ciudad, célebre coleccionista de libros, conocida como la Viuda Alegre por sus escarceos amorosos. Su doncella la encontró muerta en la biblioteca de su viejo palacete; la policía comprobó que varios incunables y raras ediciones de gran valor habían desaparecido. Dos días más tarde fue estrangulado un profesor de literatura jubilado mientras regaba las plantas del jardín. En cuestión de horas, fue hallado el cadáver en descomposición de un escritor de fama ya extinta que vivía recluido en una buhardilla recomida por la humedad. Poco después le tocó el turno a un capitán de marina mercante, cuyo buque recaló en la ciudad. En los cuatro asesinatos se utilizó un método similar. Pero fue el detective Reiss el primero en hablar de un solo asesino, el único que advirtió las conexiones ocultas entre los muertos. Estás ansioso por conocer el final del libro, barajas ciertas hipótesis, nada convincentes, y tanteas varios sospechosos: quizá el sobrino de Mariana Alegre, un dandi en bancarrota, o el viejo coronel retirado, que ha resultado ser un antiguo amante de la viuda, o tal vez el médico, pero recelas, creyendo que sólo son artimañas para despistar al lector. Abres el libro por la página señalada. Has de reprimir el impulso por saltar las hojas que te separan del veredicto final. Estás tan absorto en la lectura que no prestas atención a los rumores de fuera; te aíslas en el libro de tapas de pasta marrón, casi te parece que puedes ver al detective Reiss esbozando el retrato robot del asesino. Reiss ha estado siguiendo pistas falsas dejadas por el homicida para despistar y ganar tiempo, pero ahora, ya seguro de encontrarse a un paso de desenmascarar al culpable, esboza una sonrisa triunfal. Ya sólo queda un capítulo. Avanzas con el detective Reiss a través de las páginas de la novela, asombrándote de la astucia del detective, que ya parece vislumbrar las huellas del asesino. Tus pupilas van tragando con avidez las líneas impresas. Reiss está a punto de desvelar el misterio. Ha ido trazando el recorrido del homicida a partir de los indicios que sacados en claro tras una meticulosa investigación. Los asesinatos parecen seguir cierto itinerario o esquema. Sus conclusiones le llevan al punto inicial del mapa. Crece la tensión. El detective entra en el palacete vacío, acordonado por la policía. Desenfunda el revólver y sube las escaleras a tientas. La moqueta amordaza sus gruesas pisadas. Se encamina hacia la biblioteca, ubicada en el segundo piso. En el clímax tu corazón empieza a bombear más deprisa. Reiss llega a la puerta de la biblioteca. Te parece estar dentro de la novela. Te parece oír incluso los pasos del detective sobre la madera enmoquetada del pasillo, los goznes de la puerta al abrirse. Continúas leyendo,comiéndote letras, ansioso. El detective Reiss se desliza hasta el asesino y le encañona con su arma. Notas la boca fría del revólver en la sien y el libro te cae de las manos.

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