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Ignacio Francisco
Rodó
Terrassa
2º Bachillerato
La Farga
NOVELA NEGRA
Te acomodas en la butaca de cuero, con el libro en
el regazo. Has encontrado al fin un hueco en tu quehacer
diario para leer: eres un lector voraz de novelas
negras y desde hace días estás en ascuas.
Repasas mentalmente la trama del último caso
del detective Reiss, un policía retirado que
se ocupa de los asesinatos más extraños.
Habían asesinado a Mariana Alegre, la viuda
de un rico industrial de la ciudad, célebre
coleccionista de libros, conocida como la Viuda Alegre
por sus escarceos amorosos. Su doncella la encontró
muerta en la biblioteca de su viejo palacete; la policía
comprobó que varios incunables y raras ediciones
de gran valor habían desaparecido. Dos días
más tarde fue estrangulado un profesor de literatura
jubilado mientras regaba las plantas del jardín.
En cuestión de horas, fue hallado el cadáver
en descomposición de un escritor de fama ya
extinta que vivía recluido en una buhardilla
recomida por la humedad. Poco después le tocó
el turno a un capitán de marina mercante, cuyo
buque recaló en la ciudad. En los cuatro asesinatos
se utilizó un método similar. Pero fue
el detective Reiss el primero en hablar de un solo
asesino, el único que advirtió las conexiones
ocultas entre los muertos. Estás ansioso por
conocer el final del libro, barajas ciertas hipótesis,
nada convincentes, y tanteas varios sospechosos: quizá
el sobrino de Mariana Alegre, un dandi en bancarrota,
o el viejo coronel retirado, que ha resultado ser
un antiguo amante de la viuda, o tal vez el médico,
pero recelas, creyendo que sólo son artimañas
para despistar al lector. Abres el libro por la página
señalada. Has de reprimir el impulso por saltar
las hojas que te separan del veredicto final. Estás
tan absorto en la lectura que no prestas atención
a los rumores de fuera; te aíslas en el libro
de tapas de pasta marrón, casi te parece que
puedes ver al detective Reiss esbozando el retrato
robot del asesino. Reiss ha estado siguiendo pistas
falsas dejadas por el homicida para despistar y ganar
tiempo, pero ahora, ya seguro de encontrarse a un
paso de desenmascarar al culpable, esboza una sonrisa
triunfal. Ya sólo queda un capítulo.
Avanzas con el detective Reiss a través de
las páginas de la novela, asombrándote
de la astucia del detective, que ya parece vislumbrar
las huellas del asesino. Tus pupilas van tragando
con avidez las líneas impresas. Reiss está
a punto de desvelar el misterio. Ha ido trazando el
recorrido del homicida a partir de los indicios que
sacados en claro tras una meticulosa investigación.
Los asesinatos parecen seguir cierto itinerario o
esquema. Sus conclusiones le llevan al punto inicial
del mapa. Crece la tensión. El detective entra
en el palacete vacío, acordonado por la policía.
Desenfunda el revólver y sube las escaleras
a tientas. La moqueta amordaza sus gruesas pisadas.
Se encamina hacia la biblioteca, ubicada en el segundo
piso. En el clímax tu corazón empieza
a bombear más deprisa. Reiss llega a la puerta
de la biblioteca. Te parece estar dentro de la novela.
Te parece oír incluso los pasos del detective
sobre la madera enmoquetada del pasillo, los goznes
de la puerta al abrirse. Continúas leyendo,comiéndote
letras, ansioso. El detective Reiss se desliza hasta
el asesino y le encañona con su arma. Notas
la boca fría del revólver en la sien
y el libro te cae de las manos.
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