GANADOR del 24 de marzo de 2004
 

Aroa Domingo Fernanadez
3º ESO
IES Bernat Metge
Barcelona

¿Qué le ocurre a ese vestido? Hola, me llamo Aroa y me gustaría contaros lo que me ocurrió hace unas tres semanas. Estaba leyendo el periódico cuando vi un anuncio que decía “Vestido de fiesta, blanco roto, de alta costura, talla 40. Puede utilizarse como vestido de novia. Precio a convenir llamar al 93 345 67 87”. El caso es que llamé a ese teléfono para preguntar si podía ver el vestido y el precio aproximado. La señora que me contestó me dijo que podía ir a verlo cuando quisiera, me dio su dirección y me dijo que del precio ya hablaríamos cuando lo viera. Pero justo antes de colgar me repitió unas tres veces que no tardara mucho en ir a verlo.

Al día siguiente por la mañana, que era cuando ella estaba disponible, fui a su casa. Piqué al timbre, un poco nerviosa y con un poco de vergüenza, salió una señora de unos cuarenta años y me invitó a pasar. Era una casa antigua, entré en la habitación y para mi sorpresa el vestido empezó a hablarme tranquilamente diciéndome que le llevara conmigo que le comprara. Me dijo que estaba harto de esa dueña, de ese cuerpo, que le trataba mal. La señora miraba al vestido con cara de no quererle más en su casa. Le pregunté a la señora por cuánto me vendía un vestido tan parlanchín como divertido, y mientras yo pensaba “¡qué caro será!” Cuando la señora me dijo que me lo vendía por 30 euros, yo no me lo creía: ¡qué suerte, ese vestido tan divertido y bonito! Se lo compré al instante, no me lo pensé dos veces y me lo llevé corriendo por si la señora cambiaba de idea.

Al sábado siguiente me fui de fiesta con mi vestido nuevo, no paró de hablarme en toda la noche, era un poco pesado, pero así no me aburría. La siguiente semana salí a una cena de trabajo con mi vestido, pero cuando acabó la cena me dijo que no quería estar más conmigo que le vendiera que ya se había cansado de mí. Yo le dije que no, que él era mío; pero no me hacía caso y me decía que si no le vendía que no se dejaría poner, se arrugaría y se rompería cada vez que me lo pusiera. Me enfadé mucho y le encerré en el armario, pero él no paraba de gritar. Al final le dije que le vendería para ganar un buen dinero vendiendo un vestido parlanchín maleducado y antipático. No me costó mucho venderlo. Puse un anuncio en el periódico y a la semana ya vino una señora a ver el vestido. Lo vendí por 150 euros. La señora se fue muy contenta porque no sabia lo que le esperaba. Desde entonces miro el periódico cada día para ver cuánto dura con su nueva dueña. Como era de esperar, a las dos semanas había un anuncio que decía” Vestido parlanchín muy bonito. Puede utilizarse como vestido de novia. Llame al 93 365 25 65 si está interesada. Precio a convenir.”

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