GANADOR del 14 de febrero de 2004
 

Isabel Juvé Fontoba
1º Bachillerato
Montclar
Igualada

Por las grietas de la ventana las fulgurantes centellas de una mañana espléndida forzaban incesantemente el postigo para penetrar en aquella habitación. Entreabrí el ojo izquierdo y recordé las palabras que mi madre solía decirme “Hija, a quien madruga Dios le ayuda”. no obstante, no despegué las pestañas del otro ojo, ya que “No por mucho madrugar amanece más temprano”, como bien me aconsejaba mi sabio padre. Permanecí pegada a las sábanas hasta las nueve pasadas. El horario laboral ya se había puesto en marcha. Si hubiera podido escoger mi oficio sería inventora, porque cada mañana, desde que había empezado a trabajar, tenía que inventarme una excusa por mi retraso. Llamé a la oficina y comenté que me había acechado una noche tormentosa, hecho que causaba en mí un gran malestar mental y que la consulta al médico ya estaba concertada. Yo sabía que el director era una bellísima persona, de los que si “le pegaban en una mejilla, él ponía la otra”, aunque ahora puedo afirmar que alguien, con un cierto sentido del rencor, le debió comentar “ojo por ojo, diente por diente”, ya que a estas horas, gracias a mi carismática presencia, en el paro hay exceso de plantilla.

Es terrible observar como todos mis amigos conocen eso de “al árbol caído todo el mundo va a hacer leña” porque conmigo han renovado todos los muebles de su casa. Entro en la cocina y desafío las leyes de la imanación hasta descubrir el frigorífico: la sensación de encontrar aquellas sobras comestibles era como comer “naranjas en agosto y uvas en abril”.

Aún recuerdo que, aprovechando el "día libre", salí a comprar al mercado. Allí, un rutilante rostro se acercó a mí y, aferrando mi hombro, exclamó: “¡El mundo es un pañuelo!”. Eran las facciones de un conocido directivo, ¡infeliz de mí que siempre había creído que “Ancha es Castilla”!

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