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Inma García Escobar
1º
BACHILLERATO
Arabell
Lleida
- ¡Escribe!
- No me da la gana.
- ¡Que te digo que escribas!
- ¡No quiero, no quiero y no quiero! Que escriba
el ordenador, ¡ese sabelotodo!- Sabido era,
en todo el estudio, la envidia que el lápiz
sentía hacia el ordenador.
- No te lo repetiré más veces, ¡escribe!-
Dijo la muchacha señalando amenazadoramete
la papelera.
Un fuerte miedo se apoderó
del lápiz. Había visto muchas veces
desde lo alto de la mesa como todo lo que en la papelera
se metía, nunca más volvía a
aparecer.
- Bueno, no te pongas así.
Pero, ¿qué quieres que escriba?
- Un microcuento.
- ¿Un microcuento? ¿Y para qué?
- ¿Aún no te has enterado? Estamos en
el año de la literatura, los mejores microcuentos
han de ser colgados en... en...- quedó pensativa
unos instantes- Pero ¿por qué tengo
que darte explicaciones? ¡Tú escribe!-
Afortunadamente, había reaccionado a tiempo.
Sólo con mencionar el ordenador hubiese podido
volver a poner al lápiz en su cerril obsesión
de no escribir.
- Muy bien, escribiré.- Cedió
el lápiz con un tono arrogante.- Pero antes,
sácame un poco de punta, guapa.
- ¿Otra vez? Pero si te la saqué ayer..
- Sí, pero mi punta no reluce lo suficiente
para un trabajo tan importante.
La muchacha cedió sin rechistar,
ya que sabía que esa actitud era fruto de sus
celos. Justo después de hacerlo, la mano quinceañera
cogió el lápiz y colocó su fina
punta sobre el papel: "Érase una vez una
noche iluminada por la luna. El Sol, después
de un luminoso día se había retirado
a decansar. El cielo había sido ocupado por
infinitas estrellas cual faros de la mar que guiaban
a la noche hacia un nuevo amanecer..."
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