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Òscar Capdeferro Villagrasa
2º
BACHILLERATO
Lloret de Mar
Bell-lloc del Pla
Un día, tras una larga jornada,
se encontraron dos amigos sobre una pequeña
colina. Uno venía erguido y saboreando el paseo,
disfrutando de esa amiga neblina que veía atrás,
al fondo de la postal, difuminando el paisaje. El
otro consiguió llegar desgarrándose
las uñas por la ladera y caminando sobre sus
callos.
- Buenos días -dijo el que
llegó cansado.
- ¿Cómo vienes hasta aquí con
lo que te cuesta a ti subir? - el atleta arqueó
tímidamente una ceja.
- Nada, sólo quería verte, sabía
que estarías aquí. Por eso vine. Mira:
-le mostró sus maltrechas manos- me he astillado
entero.
- Bueno, tampoco es para tanto, sólo que tú
te mueves bien por una zona y yo por otra. ¿Qué
tal el trabajo? ¿Qué has hecho hoy?
- Más bien nada, me he desplazado un poquito
para ir hasta un bonito pueblo. He acariciado dulcemente
la cara de los ciudadanos que han salido a recibirme
y, ya que estaba, he esparcido la hojarasca a lo largo
de la calle principal. Por el camino, alguien se ha
quejado de que si he ido demasiado rápido o
yo qué sé qué.
- Vaya, seguro que hasta sales en el noticiario -
dijo el escalador con sorna.
- No te rías, que mira, haces que se ruborice
la niebla.
Ambos desviaron la mirada hacia el
fondo del paisaje para ver la neblina acuosa que enrojecía
con los últimos suspiros del Sol. El alpinista
rió largamente, paseando por su boca un aliento
fresco sabiente a albahaca.
- Yo tampoco es que haya hecho grandes
proezas - dijo intentando dejar de reír -,
pero mira. He agitado un poco los árboles de
la casa de los Ramírez y, adivina, el pequeño
se pensaba que los golpes de las ramas en la ventana
y el tiritar de los cristales eran debidos a un lobo
que arañaba con fuerza. No he podido evitar
la risa. El niño gritando “ ¡Que
viene el lobo, que viene el lobo!”, ja,
ja, ja... Y el padre, inocentón, va y saca
la escopeta. ¿Acaso pensaba que en Lloret puede
quedar algún lobo? Yo lo hice todo, no un lobo.
Además, los lobos no tienen tanta fuerza.
- Tú siempre tan ruin. ¿No has pensado
alguna vez en trabajar de verdad?
- Ya sabes, cuando lo hago se me enfadan, ¿
recuerdas?
- Oh, sí, cierto. Bueno, me alegro de que estés
bien. Debo irme, me esperan para el turno de noche.
Venga, hasta mañana, Bóreas.
- Adiós, Céfiro.
Y cada viento se fue por su lado,
uno al norte y otro al oeste. |