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Roser Juny Canals
2º
ESO
Les Alzines
Girona
Andy, un pez muy travieso
Había una vez un pez llamado
Andy. Andy era de color azul, ojos marrones, tenía
cinco años y era muy travieso. En la familia
de Andy eran cinco: los padres -Jake y Sabrina- y
los hijos -Kevin, Andrea y el más pequeño
y más travieso, Andy-. A Andy le gustaba hacer
muchas cosas, pero la que más le gustaba era
jugar. El juego favorito de Andy se llamaba “salta
en el mar”: consistía en ir de un mar
a otro y conocer nuevos amigos, pero el problema de
Andy era que sus padres no le dejaban jugar porque
ese juego era muy peligroso. Un día muy tranquilo
en el que los peces nadaban en el mar y los tiburones
celebraban la fiesta “martibu” que significa
mar de los tiburones, y se celebra una vez al año
para recordar que los tiburones consiguieron tener
un mar sólo para ellos, Andy estaba muy aburrido
en su casa hasta que se le ocurrió escaparse
para jugar. Los primeros minutos fue muy divertido,
pero más tarde la cosa se complicó.
Andy, sin darse cuenta, llegó al mar de los
tiburones. Los tiburones al verlo pensaron que era
el banquete perfecto para celebrar la fiesta “martibu”.
Y allí lo tenían encerrado, a punto
para comérselo. Andy estaba muy asustado y
empezó a llorar cuando pensó en la bronca
que le esperaba si salía vivo de ésta!!!
Al cabo de un rato, la suerte le acompañó,
el rey del mar lo vio y fue a rescatarlo. Durante
el camino de vuelta a casa con el rey, Andy estaba
contento porque aún estaba vivo, pero al mismo
tiempo asustado y preocupado por lo que sus padres
le dirían cuando se enterasen... Pero por suerte,
encontró muchas distracciones como peces celebrando
una fiesta de cumpleaños, otros haciendo un
concurso de canciones... ésa es la clase de
gente que Andy quería encontrar jugando al
“salta en el mar”. Al llegar a su casa
sus padres estaban de compras, lo que lo tranquilizó
un poco y se inventó una historia para contarles.
El problema fue que cuando sus padres llegaron, no
se creían la historia que les había
contado. Andy no sabía qué hacer...
pero al final decidió decirles la verdad. Cuando
sus padres se enteraron de la verdad agradecieron
a Andy su confianza pero le advirtieron que este juego
era muy peligroso, así que le castigaron dos
semanas sin salir de casa. Esas dos semanas Andy lo
pasó fatal porque veía por la ventana
de su habitación cómo sus amigos se
divertían jugando y bailando y él no
podía ir con ellos. Pasadas las dos semanas
Andy volvió a salir de casa y pudo jugar nuevamente
con sus amigos, pero eso sí, ni se le ocurrió
jugar al “salta en el mar”! Al cabo de
unos meses a Andy le empezaron a aburrir todos los
juegos como el pilla-pilla, el escondite... Después
de mucho pensar inventó un nuevo juego: lo
llamó “el espionaje” . Consistía
en reunir todos los nombres de los peces del mar en
una caja y cada día por la mañana coger
uno. Éste era la víctima del juego y
durante todo el día será espiado por
los demás que le preparaban trampas y al llegar
la noche le daba un susto de muerte. No podían
inventarse un juego más divertido!!! La cuestión
es que todos los juegos que se inventaba Andy eran
muy divertidos pero, por lo visto, a los mayores no
les gustaban tanto! Después de haber jugado
varias veces al espionaje, Andy se marchó muy
decepcionado porque cada vez lo pillaban espiando
y tenía que volver a empezar y por eso también
se cansó muy rápido de jugar. El problema
era que se le habían acabado todas las ideas
y no sabía qué más inventar.
Un día le preguntó a su madre a qué
juegos solía jugar cuando era pequeña
y ella le contó que en los viejos tiempos había
otro tipo de juegos. Las niñas jugaban a padres
y a madres, a cuidar las muñecas... y los chicos
jugaban al pilla-pilla, al escondite... pero había
un juego que era especial, uno que era para niños
y para niñas, ese juego se llamaba el cosquilleo
y se trataba de ir hasta la playa y esperar a que
llegasen los humanos para divertirse haciéndoles
cosquillas en los pies. Andy pensó que ese
juego era el mejor juego de todos, el más divertido
del mundo!!!! Y se fue corriendo para contárselo
a sus amigos e ir volando a la playa. Desde entonces
ese fue el juego favorito de Andy y sus amigos y cuando
no sabían qué hacer se iban a la playa
y jugaban al cosquilleo. Al cabo de unos días
todos los peces del mar jugaban a los juegos de los
viejos tiempos. Los peces de los años 40-50
estaban muy contentos de que se volviera a jugar a
esos juegos y aún más contentos porque
los había vuelto a poner de moda Andy, el pez
más travieso del mar. Unos decían: -Quién
lo iba a decir que Andy nos haría por una vez
en la vida un poco felices...! y también: -Andy
sabe hacer de todo!!! Desde travesuras hasta hacer
felices a decenas de personas! -Me encanta que Andy
haya vuelto a poner de moda todos esos juegos que
a nosotros no gustaban y que nos recuerdan viejos
tiempos!! Y como esas, muchas otras frases. Así
que Andy decidió no inventar más juegos
porque pensó que con sólo uno, pero
muy divertido estaban contentos todos los peces del
mar y también porque el y sus amigos se divirtieron
mucho y además Andy estaba contento de ver
que había hecho feliz a muchos peces y de haber
conocido la verdadera felicidad. Después de
unos años de tanta felicidad Andy conoció
a una chica llamada Tábata. Ella tenía
los ojos azules, unos cabellos de seda y su cuerpo
era de color naranja. Ella y Andy se divertían
mucho juntos pero ahora ya no jugaban al “cosquilleo”
sino que lo que más les gustaba era ir a un
bar con los amigos a tomar algo, o por la noche ir
al baile del mar... Andy y Tábata se divertian
mucho juntos, así que un día Andy le
pidió casarse, y Tábata lo aceptó.
La boda sería el próximo mes de junio,
en pleno verano Todo fue muy divertido y Andy y Tábata
se fueron de viaje a visitar todo el mar y eso a Andy
le gustó mucho porque le recordaba viejos tiempos
en los que jugaba a “salta en el mar”!!!
Este es el fin más feliz de esta historia en
la que Andy ya no estaba tan obsesionado por los juegos
y además encontró una chica a la que
amar y casarse con ella. Fin.
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