CUENTOS 5º y 6º PRIMARIA

SEGUNDO

 

Ariadna Casanova Jurado
5º Primaria
Barcelona

Pàlcam

MI VIDA

Todo empezó cuando una dulce cabecita empezó a salir de la barriga de mi madre. Hasta aquí todo fue bien, pero mis problemas empezaron muy pronto. De repente, vi mi cabeza envuelta por un extraño cordón que me rodeaba el cuello, suerte que los médicos, (muy profesionales, por cierto) acudieron en mi ayuda, de tal modo que pude nacer. Mis problemas aumentaron cada vez más. Lo primero que note, al cumplir los cinco años, es que todas mis compañeras de clase no me querían ni ver, y la verdad, yo tampoco a ellas, eran unas cursis. Me sentía un tanto extraña; este sentimiento crecía con los años: a los siete años, note que por mucho que me duchara, siempre emitía un olor que a los demás desagradaba, pero, que a mí, me resultaba muy aromático; a los diez descubrí un extraño bulto, parecido a un grano que salió en mi narizota, la cuál me medía cada día, ya que daba la sensación de que crecía por la noche; luego descubrí que era una verruga; mas tarde, a los doce años, una extraña sombra recubrió mi cuerpo, de modo que siempre iba sumida en la oscuridad, esto me dio unas ganas tremendas de ver el color negro. Mi madre iba buscando una explicación a estos extraños fenómenos que me sucedían, pero los que acabaron buscando una explicación fueron los psiquiatras que me atendían . Nadie comprendía lo que me estaba pasando. Mis padres me habían llevado a todo tipo de médicos especialistas, pero ninguno había dado la respuesta a todos estos problemas. Una noche, cuando salía a dar mi diaria vuelta nocturna, vi un extraño umbral al final de mi calle alumbrado por una luz lila que llamó mi atención. De pronto la luz hizo un destello y se apagó. Corrí hacia el lugar de donde provenía el destello y vi a un hombre atravesar la pared.

- ¡Eh, Señor!, ¿Qué ha hecho, y cómo?- le grité.

El hombre se giró para verme, y cuando percibió mi olor, sonrió y dijo:

- ¡Hombre! ¿ Qué tenemos aquí?, si es una pequeña bruja…
- ¡Bruja! ¡Pero que dice!
- ¡OH! ¿No sabías que eres una bruja?
- ¡No soy una bruja!
- ¡Por supuesto que sí! Mi olfato nunca falla, y, en todo caso te delata tu sombra…
- ¿Quiere usted decir que lo que me pasa es que soy una bruja?
- Pues sí, y no le intentes buscar otra explicación…
- Yo creía que las brujas no existían, y mucho menos pensaba que yo fuera una… y usted ¿cómo ha hecho eso de atravesar la pared?
- ¡Ah, sí! Es que venía de Magius. Suerte que solo me has visto tú…
- ¿Magius? ¿Qué es eso?
- Pues el sitio más mágico del mundo, ¿qué va a ser sino? Aún tienes mucho que aprender. Seguro que eres hija de humanos…
- Sí, supongo. Mis padres no son brujos, eso seguro. Pero, ¿cómo es que yo sí?
- A veces suceden casos de estos: cuando se cruzan incorrectamente los genes de dos personas nace una bruja que al crecer demostrará sus poderes.
- ¿Significa eso que tengo poderes?
- Por supuesto, pero aún no están desarrollados… Empezarán a aparecer pronto creo, porque tu ¿Cuántos años tienes?
- Yo, doce… - Exactamente la edad. Pronto tendrás poderes, pero no sabrás usarlos.
- ¿Y por qué no me enseña usted, que también es brujo?
- ¡Yo, brujo! Ni pensarlo, yo soy un Hediste: como un camaleón, cambio de forma y de color si quiero…
- ¿De verdad?, ¡Cambie de forma!
- Bueno, pero fíjate bien, ¿eh?

De repente el hombre fue encogiéndose hasta convertirse en una esfera redonda y brillante con dos ojos saltones que se movían en la oscuridad. Mi cara cambió en un momento de una expresión, habitualmente triste a un asombro que me producía una gran felicidad. El hombre volvió a su forma original y dijo:

- Ya has visto suficiente, me tengo que marchar, aún tengo que llegar hasta Cambridge, me espera mi mujer para cenar.
- ¿ Dónde se encuentra ese lugar?
- En un pantano, al sur de África.
- ¡África! Estamos en España, ¿cómo va a llegar allí en una noche?, ¿Ahora va a coger un avión?
- No, hombre, no… Voy en Parix, el transporte más rápido, bueno, después del teletransporte. Es como una cabina que funciona las veintiséis horas del día y te transporta a cualquier lugar…
- Veinticuatro, se ha confundido.
- No, no me he confundido, son veintiséis. ¡Claro!, que tú no lo sabes, los humanos creen que son veinticuatro, ya que esas dos horas restantes los seres no humanos paralizan el tiempo para arreglar los problemas que hay en el mundo mágico, para que los humanos no se extrañen. Bueno no mas preguntas, me tengo que ir. Adiós.
- Adiós…

Me fui para mi casa muy extrañada y sorprendida. Cuando me acosté, no pude dormir durante un rato, estaba pensando en todo lo que me había dicho ese hombre. Al día siguiente, por la mañana, a la hora del recreo, que como cada día me lo pasaba sola en el rincón más oscuro, una niña un año más pequeña que yo, se sentó cerca de mi llorando. No pude evitar oírla y me acerqué a ver que pasaba:

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

La niña levantó la vista y me contestó tímidamente, ya que una persona con una nariz gigante con una verruga en medio, y envuelta de sombra, no se ve todos los días, o por lo menos era lo que pensaba yo:

- Ho…Hola, mis amigas no quieren jugar conmigo, dicen que soy fea y abobada Y…¿tú quién eres?
- Yo soy Ágata, y tu ¿cómo te llamas?
- Me llamo Catherine.

Sonó el timbre de la escuela y nos fuimos a clase. Me sentaba sola en la mesa de la esquina. Cuando salí del colegio, de camino a casa iba pensando sobre lo que me dijo aquel extraño hombre la noche anterior: Si es verdad lo que me dijo, ¿cómo puedo llevar este asunto, se lo tendría que decir a mamá? No sabía que pensar, ni que hacer, ¿volvería a ver a ese hombre que decía ser un Hediste? y por si fuera poco, no sabia nada sobre brujas, y mucho menos sobre Hedistes. Mi vida siguió cómo siempre, pero ya hacía tiempo que le daba vueltas al tema de ser una bruja… me hice muy amiga de Catherine, íbamos siempre juntas, ella me entendía. Un día, mientras volvía del colegio, por la callejuela dónde supuestamente se encontraba la entrada a Magius, me paré, cómo cada día, a ver si descubría el misterio que desempeñaba esa pared. Pero esta vez, al contrario de todas las demás, sucedió algo: el destello brillante que vi aquel día se repitió; me eché hacia atrás y vi salir a Catherine con un hombre y una mujer.

- ¡Catherine! ¿Qué haces aquí?
- ¡OH! Á…Ágata…
- Te he visto salir de la pared, eso significa que eres un ser mágico, ¿Por qué no me lo dijiste?
- Lo siento… Ágata, es que no sabía cómo reaccionarías… te lo explicaré todo…
- ¡Es fantástico! Tanto tiempo buscando una explicación y resulta que la he tenido delante todo este tiempo…
- ¿Ah........si?, ¿Eso quiere decir que no estás enfadada?
- Para nada, aunque podrías habérmelo dicho…
- Bueno…, estos son mis padres…
- Hola, tú debes ser Ágata, Catherine nos ha hablado mucho de ti…- dijo la mujer, muy cariñosa- yo soy Rita Hans, la madre de Catherine, este es mi marido, Adam Hans.
- Hola, ¿y ustedes son brujos, o son Hedistes?- dije muy entusiasmada por la sorpresa.
- ¡Oh! No, no, nosotros somos Braquios.- dijo Rita, la madre de Catherine.
- ¿Braquios?¿Qué es eso?- pregunté extrañada.
- ¿No sabes lo que es?, pero si eres una bruja…- dijo el padre, al que oía hablar por primera vez.
- Es que, no sé casi nada sobre el mundo mágico. El otro día me encontré con un hombre, que decía ser un hediste y salía de esta misma pared, y me dijo que era una bruja. De eso solo hace dos semanas…- empecé a explicar- antes no tenía ni idea de lo que me pasaba, mis padres creen que estoy poseída, o algo así.
- Entiendo, me pasó lo mismo a tu edad - dijo Rita.
- Una pregunta,¿qué poderes tenéis los braquios?
- No es nada del otro mundo, solo que podemos volar, levitar cosas y mirar a través de paredes etc…-dijo Catherine.
- ¡OH! ¿¡Que no es nada del otro mundo!? ¡es fantástico!
- Pero tu no tendrías que estar en un colegio de humanos, tendrías que ir a un colegio de magia-dijo Adam - Pero ¿dónde está y cómo puedo ir allí?.
- Está en Magius y puedes ir por esta pared, pero tus padres no pueden entrar allí, ellos son humanos.-dijo Adam.
- Yo no me puedo guiar sola.- le dije con cara triste.
- Tranquila nosotros te ayudaremos. –dijo Rita.
- Pero ahora el problema son mis padres, como les explico todo esto.
- De eso no te preocupes, el miércoles iré a tu casa y se lo contaré-dijo Rita con una sonrisa de oreja a oreja.
- Gracias por todo, me tengo que marchar, adiós.
- Adiós… Me fui a casa muy contenta de saber que tenía alguien en quien confiar. Cuando llegué, tuve ganas de explicarle todo a mis padres, pero creí mejor esperar al miércoles y explicárselo junto a los padres de Catherine. Pase la semana hasta el miércoles muy nerviosa, pero resistí la tentación de contar mi secreto a papá y a mamá. Por fin llegó el miércoles, y el timbre de la puerta sonó estrepitosamente anunciando la llegada de los Sres. Hans. En el salón corría un ambiente inquietante, y el silencio fue roto por Rita:

- Su hija les tiene algo que contar, adelante Ágata.
- Papá, mamá, soy una bruja.- dije convencida, aunque por dentro me paralizaba el miedo a su respuesta.
- ¡Que estupidez! ¿¡Cómo vas a ser una bruja!?- gritó desconcertada mamá, pensando que se trataba de una broma.
- Sra. Slippery, tranquilícese, lo que dice su hija es cierto…- dijo Adam pausadamente- nosotros también somos seres mágicos igual que ella, le haré una demostración.

Adam cerró los ojos y el jarrón de la estantería empezó a levitar ascendiendo hasta tocar el techo. Mi madre se desmayó, y mi padre sin perder su cara de desconcierto la fue a ayudar. Cuando recuperó el conocimiento, pudimos hablar tranquilamente. Los padres de Catherine explicaron detalladamente lo que era yo, lo que era el mundo mágico, Magius, y que debería ir a una escuela para brujas en el mundo de los magos. Mis padres tras pensarlo mucho accedieron a que los Sres. Hans me llevaran a esa escuela. Por fin llegó el día en que iba a atravesar esa pared e iba a descubrir todo lo que ese mundo mágico escondía. Estábamos ante esa extraordinaria pared que llevaba a Magius y yo estaba muy nerviosa, el corazón me iba a cien por hora. Adam tocó suavemente una lamparita que estaba en el muro y pronunció estas palabras: “Cuernos de rata, dientes de caracol, patas de serpiente y escamas de león.”, con estas palabras brilló de nuevo aquella luz lila que vi la primera vez.

- Vamos Ágata, antes de que se apague hemos de cruzar, no tengas miedo, no te pasará nada.- dijo Catherine, y me dio un empujón hacia la pared, cuando parecía que me iba a dar con el muro, lo atravesé. Cuando abrí los ojos después de pasar la entrada, no podía creer lo que veía: había una sala inmensa y un palacio de cristal brillaba en el centro, había un pasillo que iba de lado a lado. El pasillo estaba lleno de arcos y dentro de este había siete puertas. En cada puerta había un cartel diferente: Duendes, Hadas, Braquios, Magos, Hedistes, Brujas y Ninfas. Al lado del pasillo había muchas paradas de intercambio de artilugios mágicos entre seres no humanos. Le pregunté a Adam dónde llevaba cada puerta: “Donde pone Brujas, que es donde tú iras, solo pueden ir Brujas, no pueden entrar otros seres mágicos, es tu país.” Fuimos al palacio y nos atendió una señora llamada Hannah, nos dijo que me acompañaría un joven llamado Edward el cual era brujo como yo. Por el camino nos hicimos amigos y como era brujo íbamos al mismo colegio. Edward era un chico alto, delgado y con unos ojos muy oscuros, que me encantaron, era muy simpático. Me enseñó la escuela y mi clase. Mis padres comprendieron mi situación, y cuándo fui mayor de edad me fui a vivir al mundo mágico. Ahora han pasado doscientos años, estoy casada con Edward y tengo seis hijos preciosos y con mucho poder. Hice la carrera de brujería y me convertí en una de las brujas más famosas y poderosas. Ahora trabajo en el palacio. Esta es la historia de mi vida.