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Javier Trius
Béjar
6º
Primaria
Barcelona
La Farga
La verdadera historia de San Jordi.
Seguramente, ya conoceis a San Jordi. Su leyenda dice
que él solo mató a un dragón,
vivito y coleando. Pero esa no es la historia DE VERDAD.
En realidad no iba solo. Iba con un escudero. Agustín
era el hijo del cocinero real. Agustín vivía
con su padre. Su madre, había muerto por una
enfermedad. El había heredado tres grandes
dones de su madre: cocinar sabrosos manjares, preparar
licores riquísimos, y su afán de aventura.
Junto con su padre trabajaba para el rey. Cierto día,
mientras Agustín holgazaneaba por el castillo,
oyó una conversación entre San Jordi
(a quién le llamaban “El Caballero Jorge”),
y el Rey:
- ¡No puede dejar el castillo!
¡Es usted el mejor guerrero! - decía
el Rey -.
- Calma, calma,... sólo estaré fuera
una semanita...
- ¡No quiero calmarme! Además, ¿¡Qué
diablos va a hacer ahí fuera !?
- Tranquilo... iré a la fortaleza de Lord Thanatos
a resolver unos asuntos con él, y nada más.
- Ayyyy... bueno, pero no vaya solo.
- ¡De acuerdo! – dijo Jorge excitado –
me llevaré como escudero al hijo del cocinero.
¿Cómo se llamaba?
Ah, sí, Agustín. Dicen que es muy bueno
como escudero. A Agustín, que aún estaba
escuchando la conversación, el corazón
le dio un vuelco ¡la oportunidad de su vida
esperándole con los brazos abiertos!. Después
de dos días de preparativos, (y de que el padre
de Agustín se desmayara al ver que su hijo
aceptaba la aventura) partieron hacia la fortaleza
de Lord Thanatos. Ya llevaban dos largos días
de camino, cuando a Agustín ya no le quedaban
fuerzas.
- Vengaaaa... hagamos un parón - gemía
Agustín – por favor... ya no me quedan
fuerzas
- Bueno, vale... descansaremos en esta planicie, enciende
el fuego y prepara la cena. Yo levantaré la
tienda.
Cuando acabaron de cenar, ya había
salido la luna y se pusieron a dormir. Agustín
no tuvo sueños muy agradables. Soñaba
que unos Trasgos se les acercaban y los atacaban.
Justo cuando le iban a matar a él en su sueño,
se despertó, y vio que Jorge estaba matando
Trasgos, y que le había dejado una daga que
le servía a modo de espada corta.
- Ya era hora de que despertases - dijo Jorge
– ¡Ayúdame, corcho, que no tengo
seis brazos!
- Bonita hora de la mañana para abatir Trasgos
– gruñó Agustín mientras
se unía a él -.
Aquella noche, juntos, abatieron
a todos los Trasgos de la llanura en la que se encontraban.
Después de una jornada de camino, llegaron
a la fortaleza, cansados y exhaustos. Allí
les dieron comida y bebida, y les explicaron que tenían
un gran problema con un dragón: cada día
que pasaba, el dragón se llevaba una persona.
Entonces Jorge gritó:
- ¡Yo mataré al dragón!
- ¡Ja! ¿Tú? – gritaron los
lugareños – Jorge se sentó mientras
los aldeanos se reían. Entonces le dijo a Agustín
al oído:
- Lo haremos por la noche.
- ¿El qué? – preguntó Agustín
– Pero Jorge no le respondió porque estaba
pidiendo habitación en la posada. Por la noche,
Jorge despertó a Agustín apresuradamente.
- Me han dicho que preparas unos licores deliciosos,
y muy fuertes.
- Sí... ¿por qué?
- Shhh... vamos a matar al dragón. Prepara
el bebedizo para dragones más fuerte que puedas
en un tonel, y vístelo con ropa vieja.
Agustín hizo lo que Jorge le
dijo, y enseguida comprendió su idea. Al alba,
dejaron el tonel lleno de bebedizo para dragones,
vestido con ropa vieja, encima de las murallas. Al
cabo de dos minutos, se podía divisar la silueta
del dragón. Todo el mundo se escondió
en sus casas. El dragón vio el tonel, y creyendo
que era un aldeano gordo y jugoso, se lo llevó.
- Ahora, – le dijo Jorge –
hay que ir a matar al conejo en su madriguera. Agustín
no lo comprendió hasta que llegaron a la cueva
del dragón, que lo encontraron dormido e hipando.
- Ahí lo tenemos. Ahora le daré el golpe
de gracia. No digas nada.
Justo cuando Jorge -tenía
su espada sobre la barriga del dragón, Agustín
gritó:
- ¡¡¡Ja, ja, ja,
muere, bichejo de estercolero!!! De súbito,
el monstruo se despertó. A Jorge se le cayó
la espada del susto.
- Mira lo que has hecho, insensato... – dijo
Jorge entre dientes .
El dragón dio una bocanada
en medio de los dos mientras escapaban en sentidos
opuestos. De repente, lanzó una llamarada hacia
Agustín, y él la esquivó ágilmente.
Armándose de valor, Agustín clavó
su daga en la cabeza del dragón gritando:
- ¡¡Deja este mundo, montón
de boñiga!! El dragón se desplomó
en el suelo, muerto.
En la fortaleza, las nuevas maravillaron
a lord Thanatos. Él intentó recompensarlos
con la mitad de sus riquezas, pero ellos sólo
aceptaron una bolsa con monedas de oro, plata y bronce.
La tarde del séptimo día de la semana,
en la puesta de sol, pudieron ver su amado castillo
en el horizonte, Jorge dijo:
- Hogar, dulce hogar...
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