De Terraferma guardo muchísimos recuerdos: la música clásica que don Ernesto nos ponía al llegar del patio (para aliviar la tensión de los partidos, sin duda), los maravillosos cuentos de don Moisés, las carreras en la pista de arriba del incansable señor Ponz, los intensos entrenamientos con Samuel Pámpols, las cariñosas discusiones futbolísticas con el señor Martí… son muchos los momentos que convergen en una sensación de cariño y agradecimiento inexplicable. El colegio me enseñó una manera de ver el mundo basada en la reflexión, el respeto, la admiración y el diálogo, una formación mucho más allá de lo estrictamente académico. ¿Por qué? Porque aprendí más de los profesores fuera de clase que dentro. ¿Por qué? Porque Terraferma no es solo estudio; es preparación personal. No es solo un colegio; es un hogar. Terraferma forma parte de mí. ¿Por qué? Porque yo siempre formaré parte de Terraferma.